Volcán Villarica - Chile - Aprendizaje de vida

Actualizado: ene 2



En mi primer post de esta categoría, quiero comenzar con una experiencia propia que me ha dejado una enseñanza para el resto de mi vida.

Me encontraba sentado sobre la nieve en la mitad del volcán Villarica, observando lo hermoso que se veía la pequeña ciudad de Pucón con su respectivo lago, ubicada al sur de Chile. Aquella vista era fantástica y daban ganas de quedarse allí y no moverse.


Todo comenzó en el año 2004, más precisamente en mi luna de miel; decidimos con mi flamante esposa Paty irnos a recorrer el sur de Chile.


Una fría y soleada mañana, caminábamos por el pequeño centro de la ciudad y vimos en una vidriera de una agencia de turismo que promocionaban una excursión guiada a la cima del volcán.

Desde allí voltee mi vista hacia el volcán, se veía fantástico y a la vez gigante como para poder llegar hasta la cima.


Lo discutimos con mi esposa y nos animamos a consultar sobre dicha aventura. Finalmente contratamos la excursión guiada, que incluía todo el equipamiento, ropa de nieve adecuada, botas y sus respectivos crampones, bastón, en definitiva todo lo necesario.


Nos recomendaron que lleváramos una pequeña mochila con agua, bananas y chocolate para la aventura, además de algo liviano para comer.


Pues bien, al otro día a las 7 a.m estábamos allí para la excursión dónde se sumaron un matrimonio de brasileños. Eramos cinco personas en total, dos matrimonios y el guía.


Nos trasladamos en un combi hasta el pie del volcán dónde comenzaríamos la aventura, recuerdo que era una soleada y despejada mañana, el viento calmo y desde el pie del volcán podía sentir la frescura del aire.


Comenzamos la caminata, en principio sin nieve, hasta un poco menos que la mitad, allí hicimos la primer parada para descansar, tomar agua y colocarnos los crampones para comenzar a caminar sobre el hielo.


Había pasado un buen tiempo de caminata, cuando de repente mi diálogo interior comenzó a decirme que no podía más, que abandonara la expedición, claro mi esposa hacía ejercicio, parecía que el otro matrimonio también, y adivinen quién no hacía ningún tipo de ejercicio? Pues ese era yo!


Voltee mi vista hacia mi izquierda y vi lo hermoso que se veía a lo lejos el lago y la pequeña ciudad de Pucón, lo hermoso que se podía apreciar desde allí la cadena montañosa de los Andes.

Adivinen qué paso!, le hice caso a mi diálogo interior.


Me senté y le dije al grupo que siguieran, los espero aquí contemplando este maravilloso paisaje y a la vuelta continúo con ustedes. Créanme, era hermoso, indescriptible, solo lo puedes apreciar estando allí, a más de la mitad del volcán, a unos 2000 y algo de metros.

Me decía a mi mismo, para qué continuar si esto ya es perfecto....., eso era lo que yo al menos creía.


Por supuesto que el guía no aceptó mi propuesta, e hizo un trato conmigo lo cual el grupo también aceptó; yo iría delante marcando el paso, a mi ritmo, lento y suave hasta la cima.


A medida que íbamos caminando cada vez más las piernas se hundían en la nieve, parecía inalcanzable, hasta que de pronto......, estábamos en la cima!


No puedo explicar lo majestuoso que es estar allí, en la cima, la pureza, la vista de 360°, el rojizo de las paredes del volcán, la cadena montañosa interminable, no tengo palabras para poder describir tal aventura, estar a 3000 metros de altura era algo fantástico. Allí nos quedamos contemplando, descansado, sacando fotos, estábamos felices....


El descenso, otra experiencia fantástica, deslizándonos por el hielo y frenando con el pico del bastón, una diversión asegurada.


Esta experiencia me deja un aprendizaje que he aplicado hasta el día de hoy, no todo lo bueno, es lo mejor.

Muchas veces preferimos quedarnos en nuestra zona de confort, diciéndonos, para qué más?, aquí estoy bien, no merece el esfuerzo, ese diálogo interno que muchas veces nos vence, nos boicotea...y nos dice que no es para nosotros, que no podremos hacerlo, pero a la vez no sabemos todo lo bueno que nos llegamos a perder en la vida por dejarnos vencer por nosotros mismos.


Estamos de paso, el tiempo pasa y muchas cosas que dejamos para más adelante, y nunca se nos presenta la oportunidad de volver hacerlo o intentarlo, por edad, por enfermedad o cualquier otras circunstancias de la vida.


Mi invitación es a que te atrevas más, a que experimentes más, a que te esfuerces un poco más, verás que la recompensa está al final, pero recuerda, debes disfrutar el camino, parar para observar, como lo hice en la mitad del volcán, pero debes continuar, un esfuerzo más puede marcarte tu vida, como lo hizo conmigo.


Sino hubiese hecho un esfuerzo más, nunca me hubiese imaginado lo hermoso de haber estado en la cima del Villarica, algo que no se puede describir, hay que vivirlo y sentirlo.


Hoy en día esta experiencia me incita a dar un paso más, a no darme por vencido, y a recordar, que no todo lo bueno es lo mejor!


Gracias por leer mi experiencia de vida.


Un abrazo

Gabriel

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